Probablemente “La Carta de la Tierra”, será uno de los documentos que trascenderá en el tiempo y el espacio, sobre el transcurso de la historia de la humanidad. Lo lamentable es que pareciera que dicho transcurso será únicamente en su aplicación científica y literaria ya que pese a ser una obra de completa aplicación práctica, los diferentes Estados que la han acogido se han preocupado muy poco por adoptar medidas realmente obligatorias para la implementación de las medidas que propone.
La Carta de la Tierra es como la obra de Gabriel García Márquez, “Crónica de una Muerte Anunciada”, de 1981, en la que diferentes estudios y argumentos nos dicen que la especie humana va rumbo hacia su propia destrucción pero pareciera que no nos damos cuenta o no queremos hacerlo, ya que continuamos con un modelo de vida universal que sugiere más el principio de supervivencia del más poderoso económicamente que nos plantea el Darwinismo Social y en el que los seres humanos se convierten en un producto más de mercado, lanzándose a un competitividad cada vez más agresiva. Esta afirmación es simple de entender y la vivimos cada día en nuestros diferentes campos laborales, como profesionales estamos obligados a superar nuestros propios límites para así poder distinguirnos de los demás y convertirnos en un producto cada vez más atractivo al mercado laboral, quizá esa es una de las razones por las cuales algunos estamos en esta Comunidad de Aprendizaje.
Sin embargo, no todo está perdido, personalmente creo que las nuevas generaciones vienen con un sentido más desarrollado hacia la preservación del entorno que las rodea y existen múltiples organizaciones que se encargan de hacer un trabajo arduo de concientización que a la postre dará sus frutos en beneficio de nuestro planeta.
El secreto debe ser la aplicación práctica, ya que las ideas están bastamente superadas y analizadas. El cómo, cuándo y donde ya lo sabemos, lo que urge es hacerlo y en este sentido el mínimo aporte es de gran valía, en mi experiencia personal quiero comentarles que he desarrollado desde hace algún tiempo, un impedimento natural a botar basura y no puedo arrojar al suelo ni un palillo de dientes porque mi instinto ya no me lo permite, además en mi casa y en mi trabajo hago todo lo posibles por clasificar la basura y reciclar.
Si a esos pequeños aportes sumamos las grandes iniciativas como la de las empresas que aplican realmente su responsabilidad social y ambiental, podrimos lograr un cambia efectivo en nuestro planeta.
Finalmente, mi formación como abogado me obliga a decir que definitivamente una de las herramientas más necesarias para poder implementar realmente “La carta de la Tierra”, es la que menciona el penúltimo párrafo y es la suscripción de un documente legalmente vinculante que obligue a todas las naciones a hacer real el afán de convivencia armónica con el resto de seres que habitan la tierra.
Lic. Juan Miguel Villalobos
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